¿QUÉ HACER EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES?
Hernán Montecinos
La pregunta del encabezado se encuentra especialmente dirigida al mundo de la izquierda. Por cierto, en primer lugar, a la llamada “izquierda extraparlamentaria. Pero más fundamentalmente, a los que no se inscriben, a los que votan nulo, a los que votan en blanco, a los que se abstienen, a los que “no están ni ahí”, a los descontentos, a los disconformes, a los indecisos y, también, aquel sector de
Resulta obvio decir que estos grupos, si bien representan una diversidad, sin embargo, tienen en común que, en su gran mayoría, sus ideas son de izquierda, opuestos al neoliberalismo. Resulta obvio decir también, que si todos estos grupos formaran un frente común, opositor al neoliberalismo, se conformaría un conglomerado mucho mayor que el mayor de los partidos políticos hasta ahora mejor votado. Ante la posibilidad de este cuadro, es hora de preguntarse entonces,… ¿Por qué si habiendo un referente social potencialmente de gran magnitud, opositor al neoliberalismo éste, sin embargo, se aplica despiadadamente en Chile sin que, al parecer, haya una mínima capacidad de oposición y respuesta? ¿Por qué tanta inercia y confusión? Son preguntas que necesitan respuestas.
Al examinar la realidad política constatamos que, mientras el neoliberalismo hace lo suyo a su más pleno antojo, los distintos referentes políticos y sociales que se le oponen se encuentran dispersos y confusos. En este estado, bien vale recordar que la derecha política siempre VOTA por convicción, por principios y, sobretodo, porque con el neoliberalismo se sienten muy a su gusto.
En conclusión, por el lado que se le mire, sumando y sumando, la izquierda ha ido dejando libre el camino para que
Ahora bien, no exenta de las propias responsabilidades que la izquierda tiene en el cuadro descrito, sin embargo, en mi opinión, el mayor responsable de este estado político de confusión y regresión, tiene un sólo nombre: CONCERTACIÖN, y más particularmente, el Partido Socialista. Claro, muchos no estarán de acuerdo con este juicio, lo que me obliga a fundamentar con más detalle mi posición.
Para el plebiscito del 88, presionados por la traumática experiencia de la dictadura, la izquierda apoyó incondicionalmente el voto por el No, para posibilitar la derrota política de la dictadura fascista. Desde ese punto de vista, tal decisión fue políticamente correcta. En elecciones sucesivas, gran parte de la izquierda siguió votando por
Así, bajo la premisa del “mal menor”, mayoritariamente los comunistas decidieron votar, en segunda vuelta, por los “socialistas” Lagos, primero, y Bachelet, después, lo que significó a la postre, que sin esos decisivos votos ninguno de los dos hubieran llegado a la presidencia de
Y porque afirmo esto. Porque bajo
En el orden interno conspicuos empresarios confiesan que se sienten muy a gusto con los gobiernos de
De otra parte, un estudio de
En efecto, en áreas tan sensibles como educación y salud el panorama no puede resultar más desolador, convertidas estas dos necesidades sociales básicas en un festín de negocios para privados.
En Educación, después de una larga batalla de la sociedad civil, fundamentalmente, sus principales protagonistas, profesores, estudiantes y padres y apoderados, que pedían poner fin al sistema de sostenedores y municipalización de la educación para hacerla pública, el “gobierno ciudadano” de
En la salud la cosa no podría andar peor. Bajo la égida de la comercialización, las prestaciones de salud han sido entregadas a clínicas privadas en donde al enfermo, antes de morirse, se le calcula cuanto más se le puede sacar de dinero para hacer más rentable el negocio. En cuanto a la salud pública, un tremendo atraso. Los que acceden a ella tienen que sufrir la diaria humillación de tener que hacer largas colas, esperando horas y horas, para al final conseguir una mínima e indolente atención. Como corolario, al enfermo se le devuelve prontamente a su casa, previa entrega de una aspirina o pastilla tal o cual, para salir luego del paso. Más para peor, hay enfermos que tienen que esperar meses y, en no pocos casos, años, para que le den fecha y hora para una operación. Muchos antes de pasar por este calvario, prefieren endeudarse o poner en venta sus bienes con tal de financiar el elevado costo de su enfermedad en una clínica privada. Así y todo, pese a estas diferencias, la atención tanto en la salud pública como privada, se encuentran sometidas cada vez en mayor número, a demandas por “negligencias médicas”, un eufemismo tras el cual se esconde una dramática realidad: una atención en la salud pública y privada, clasista.
No olvidemos tampoco, la entrega que se ha hecho de los servicios públicos básicos (agua, luz, teléfono, etc.) a la voracidad de las empresas multinacionales, sobre todo, empresas españolas, fundamentalmente, por obra y gracia del socialista Lagos. Puentes, carreteras, avenidas han dejado también de ser públicos, entregando su explotación a la voracidad de empresas multinacionales. Y como guinda de la torta está la desnacionalización del cobre, pasando a llevar la decisión unánime de todos los chilenos, que bajo el gobierno de Allende había decidido, por unanimidad, nacionalizar nuestra riqueza cuprífera. Sin ánimo de dramatizar, ni exagerar, una verdadera traición a
Por último, y para no alargar más el cuento, está el problema de la delincuencia que crece y crece a tasas increíbles. Y no es que este sea un problema originado por
Ahora bien, sabemos que esta realidad ha llevado a que en el mismo seno de
Las próximas elecciones se encuentran a la vuelta de la esquina y, como sucede cada cuatro años, los políticos buscarán desesperadamente la participación ciudadana para poder seguir justificándose en su papel de representantes del pueblo y seguir usufructuando binominalmente del poder para satisfacción de sus espúreos intereses que no son, ni de lejos, coincidentes con los del pueblo.
Entonces…, vuelvo a la pregunta inicial… ¿Que hacer en las próximas elecciones? …¿Voto nulo?, ¿abstencion?, ¿voto en blanco?, ¿votar al candidato menos malo?... ¿Sirve de algo votar?, ¿no votar? ¿Cual es la mejor forma de mostrar rechazo a esa mentira que estamos viviendo y que llaman democracia?... Difícil pregunta, y más difícil aún son las respuestas.
Si hace cuatro años atrás, para la izquierda de Chile esta era una pregunta de fácil respuesta, ahora esa respuesta para muchos se muestra confusa y complicada. Esto tiene su razón en el carácter del conglomerado político JUNTOS PODEMOS MÄS, conglomerado el cual, en las elecciones pasadas, tenía su sentido para la izquierda, al satisfacer los requerimientos políticos mínimos por los cuales luchamos, a saber, una línea claramente antineoliberal y un proyecto que busca las transformaciones reales que necesita la sociedad chilena y no su mera reforma; un proyecto alternativo, claramente diferenciado de
Sin embargo, ese Junto Podemos, que aparecía como el referente natural de la izquierda chilena hoy, por obra y gracia del Partido Comunista chileno, ha quedado desahuciado como tal. En efecto, la dirección central del P.C., en una vuelta de carnero sin parangón, traicionó el meollo del asunto que se encontraba explícito e implícito en el programa del Junto Podemos, abdicando de tales principios, para pasar a coquetear y conciliar con
“…nos ubicamos también en abierta oposición a la derecha y los partidos de
Más claro que echar agua. Como sabemos, en la última elección presidencial, a la undécima hora, el Partido comunista chileno, en las primeras horas de la noche, cuando se dieron a conocer los resultados, dejaba atónito al Junto Podemos y al conjunto de la izquierda, con su anuncio unilateral de apoyar en segunda vuelta a la compañera “socialista” Michele Bachelet. De lado dejaba lo acordado con la izquierda en el acta fundacional que dio origen al Junto Podemos, en el ya citado numerando 6.
Pero estos sólo fueron los primeros gestos, los primeros guiños del partido comunista que le permitieran congraciarse con
La guinda de la torta, el tercer paso, lo constituyó aquella grotesca escena de proclamación, como precandidato a la presidencia de
En todos estos trajines hay que destacar algunos elementos:
1) El P.C. abandona su tradicional política de alianzas con la izquierda, para pasar a pactar con la socialdemocracia chilena, aquella que se disfraza y posa de izquierda cuando vienen las elecciones para captar votos desde ella.
2) La unilateralidad de sus decisiones han provenido de la elite de su dirección central, específicamente de su Comisión Política, y no del conjunto de su base de militantes, a quienes no se les consultó nada de nada. Transgredieron así sus propios estatutos orgánicos, puesto que las decisiones que impliquen un cambio de su línea política, debe ser una decisión colectiva de sus militantes a través del “centralismo democrático”. Consultados varios amigos comunistas militantes, me confesaron en forma unánime que sobre estas decisiones no hubieron debates previos en las bases, ni menos fueron consultados. La militancia solo fue informada una vez consumados los hechos.
3) Desde el punto de vista doctrinario, los comunistas han hecho abandono del marxismo, como marco teórico que guía su acción política, al pactar con partidos que están por la reforma, y no por la transformación (revolución) de las bases de la sociedad capitalista,
Ahora bien, si todo esto no es traición o el más burdo de los oportunismos, por favor que alguien me explique entonces cual es el verdadero significado de estas dos palabras. Una doble traición, por que no sólo se traicionó a sus aliados naturales, el Podemos, sino también a su propia militancia. Se operó, por decirlo de algún modo como lo hacen los bandidos; entre gallos y medianoche, ante una izquierda y una militancia atónita.
Hoy, ante las elecciones que se avecinan, como ya lo dije, los dirigentes del “PC”, han dado un paso más adelante en su traición. Han acordado “pactos por omisión” con los partidos de la concertación, incluyendo ahora a
Pero los hechos ya están consumados y los de la izquierda se han quedado sin piso, y sin posibilidad de votar por candidatos que lo representen en sus genuinos intereses, simplemente, porque los partidos que los satisfacían agrupados en el otrora Junto Podemos, a saber, el P.C., P.H., e I.C. se dieron una voltereta que se ve sólo en los circos. Si antes el slogan decía, que
En efecto, cada vez más, un importante núcleo de los que pertenecemos a la cultura comunista, aquellos comunistas sin carné, los que disentimos de la línea traidora de la dirección del partido comunista, tenemos claro para estas elecciones, que la estrategia electoral asumida por la dirección del partido, en las condiciones políticas presentes, significa un acto de sumisión y legitimación del sistema, de los partidos, de los políticos y sus dueños, así como de la crisis estructural de explotación, opresión, miseria y muerte que golpea a nuestro pueblo.
En el marco de lo electoral, El Podemos ahora travestido plantea que si no se participa –observación emitida por demás desde la prisa y la lógica electoralista—se beneficia a la oligarquía y los grupos neo-fascistas. Se afirma que al participar existen las posibilidades de avanzar a posiciones democráticas y revolucionarias.
A quienes opinan en este y otros sentidos y condiciones parecidas les preguntamos: ¿Por qué considerar estas posibilidades en el marco de lo electoral?, ¿No es coherente asumirlas en el marco de una estrategia política alejada de lo electoral en este momento? ¿Por qué pretender arrastrarnos a lo puramente electoral y hacernos perder un tiempo valioso para lograr con coherencia la unidad de la izquierda revolucionaria?¿Acaso no se beneficia a la oligarquía al no tener más posibilidad que la de legitimar el relevo en la administración gubernamental? ¿Acaso los partidos y los políticos con posiciones marginales y cooptadas no han sido funcionales a las políticas neoliberales y antipopulares, a la privatización de servicios públicos, a la agudización de la pobreza y la violencia extrema? ¿Cuál es la variación fundamental en la participación electoral de la izquierda en este momento, cuando ésta se posiciona como la "opción verdadera", "la alternativa" basada en un programa, estrategia, alianzas y prácticas ambiguas?
Participar en este momento y en estas condiciones significa continuar legitimando a un Estado construido para garantizar el salvajismo empresarial --como los robos de los bancos, de las empresas, de los mall y los supermercados--, la dependencia y sumisión hacia los organismos financieros internacionales y hacia el imperio norteamericano. Es legitimar a un Estado burgués, excluyente, represor. Todo esto bajo el argumento que es necesario competir, "incidir", ocupar espacios, lograr una voz de "oposición" en
Participar en estas condiciones es legitimar un sistema de partidos caducos, con partidos y políticos corruptos, incapaces, vende patrias, serviles y caudillistas.
Es legitimar un sistema burgués que sigue negando garantías de participación a los diferentes colectivos gremiales y sociales que claman por una justicia mayor y por un Estado que efectivamente los represente, a decidir sobre sus prioridades en materia de desarrollo y a participar plenamente en la conducción de un nuevo Estado: democrático y popular. Es legitimar un sistema que sigue reproduciendo un sistema de repartición desigual de la riqueza social. Por el contrario, a los obreros, a los mapuches, a la numerosa clase media, a los jóvenes, etc., se les utiliza como enganches electorales para agenciarse de un mayor número de votos y repartirse una parte o las migajas del pastel.
La lógica electoralista, además, ha provocado que supuestos líderes populares sean cooptados por el sistema, se conviertan en serviles de elites de poder económico y político y se corrompan.
Su voto es importante, dicen, para que con su complicidad se legalicen los atropellos en política internacional, el crecimiento de la brecha social y la pérdida de los derechos y libertades
Cada vez va siendo más evidente que las elecciones en Chile, en los años de
Si usted es militante del P.S del PC del PPD,, o de algún otro partido o movimiento de ámbito nacional -en la mayoría de los casos- ni siquiera ha podido participar en la elaboración de los candidatos a concejales y alcaldes que presenta su partido, de modo que por esta razón -y otras muchas más- cuando la democracia ni siquiera funciona dentro de los partidos, qué pueden esperar el resto de los ciudadanos. Las listas son cerradas, sin fisuras, para que todo quede atado y bien atado.
Una vez elegidos, los concejales y alcaldes éstos harán los que se les plazca, jamás consultarán a sus militantes sobre las decisiones que han de tomar y mucho menos a los ciudadanos que los han votado. Sólo una pequeña elite decidirá a espaldas de los ciudadanos e incluso de sus militantes.
Su voto es importante, dicen, para que con su complicidad se legalice el crecimiento de la brecha social y la pérdida de los derechos y libertades de los ciudadanos. Por esta razón y por otras muchas, es que ha llegado la hora de votar en Chile, para las próximas elecciones de alcaldes y concejales, anulando el voto. No hay otra alternativa si es que se tiene consecuencia de izquierda y algo de dignidad personal también. Con tu voto no debes seguir legitimando una política corrupta y unos políticos corruptos.
Lo que cuenta es la participación y la suma de complicidades, colabore pues, cuantos más cómplices mejor, todo será más democrático y la conciencia de los políticos -si es que la tienen- quedará a salvo con su voto.
Por estas y otras razones, hoy son muchos los que, cansados de ser utilizados políticamente bajo la consigna de que la izquierda debe votar “por el mal menor”, y al no tener un referente político que claramente los represente, en esta elección, van a votar nulo. A decir verdad, un verdadero izquierdista si en la elección pasada no tenía estómago para votar por
Por último debo confesar que, desde que tengo noción, de elección en elección, toda mi vida he votado por los candidatos comunistas, tanto cuando fui militante, como cuando lo he sido sin carné. Ahora, con muchos sentimientos encontrados, tengo que reconocer que, por primera vez en mi vida de ciudadano, no voy a votar, o mejor dicho, anularé mi voto, pese a que tengo estupendos amigos comunistas que van como candidatos.
El no hacerlo esta vez, no quiere decir que deje de ser comunista, porque más lealtad que al partido comunista chileno, que por esta vez, y por las razones dadas, ha dejado de representarme, mi lealtad la debo al marxismo, al comunismo y a mi propia conciencia.
