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THE PASKIN, UN DIARIO DELIRANTE Y DE MALA LECHE

PARA PONERNOS DE RODILLA NOS TIENEN QUE CORTAR LAS PIERNAS

5 Octubre 2008

HISTORIAS DE MEDIO SIGLO


LA ‘PEÑA DON FERNANDO’ Y LA CUASI GUERRA CON ARGENTINA

Artalex
En este recuerdo no encontrará a ningún personaje público, nacional o extranjero, sino sólo a un chileno común –como usted, como yo, como la mayoría de nuestros compatriotas- que supo hacer patria más allá de nuestras fronteras sin ayuda alguna de organismos oficiales ni partidos políticos.

La historia comienza el año 1967 cuando, desde Talcahuano llega a casa de mis padres un muchacho llamado Fernando Astorga, quien venía ‘dateado’ para conversar conmigo y obtener un apoyo mínimo (nada que ver con dinero) que le permitiera contar con una o más personas que pudiesen orientarle y apoyarle en su intransable objetivo, cual era radicarse en Brasil…específicamente en la gigantesca ciudad de Sao Paulo.

Fernando procedía de una familia pobre, muy pobre, y poseía un inclaudicable tesón para surgir por medios propios y de esa forma ayudar a los suyos. Por eso, viajar a Sao Paulo era una meta válida, ya que el Chile de aquellos años ofrecía escasas posibilidades laborales a la juventud (nada nuevo en nuestro país, incluso hoy).

Viajó finalmente a Sao Paulo y allá, en la ‘cidade da garoa’, fue recibido por mis eternos amigos Paulo Simoes y Rogerio Matias. Nunca pidió nada, jamás solicitó dinero, sólo quiso ser informado respecto de las posibilidades laborales que había en aquella época en Brasil, pues eran los años del llamado ‘milagro brasileño’. Fernando comenzó a trabajar de manera independiente, sacando fotografías a las ‘crianças’ (bebés, niños) en sus hogares. Le fue bien y supo ahorrar convenientemente.

Un par de años más tarde, se trasladó desde el centro de la ciudad a un hermosísimo lugar aledaño a la capital paulista: Carapicuíba, sitio en el cual había unas construcciones coloniales certificadas como patrimonio cultural, rodeadas de viviendas humildes y algunos locales comerciales. Allí adquirió un local amplio, con piso de tierra y techo de zinc. Una especie de amplio galpón cuya utilidad económica parecía incierta.

En ese sitio levantó –a punta de esfuerzo y constancia- la hoy día afamada “Peña Don Fernando”, cuyas puertas están abiertas todos los días y hasta entrada la madrugada. Hornos de barro, parrillas, mesas al estilo de cualquier ramada dieciochera, un escenario modesto pero amplio, buen sonido y mejor menú gastronómico eran los puntos fuertes del negocio que durante años, décadas en verdad, recibió a cientos de chilenos, brasileños, paraguayos, bolivianos, peruanos y argentinos que deseaban recordar a sus respectivas patrias a través de un plato típico…y de números musicales netamente folclóricos que arrancaban lágrimas de ‘saudade’ (nostalgia) a los comensales.

El año 1989 la ‘Peña Don Fernando’ recibió galardones de la prensa de Sao Paulo y de los chefs brasileños. De ahí en más, se transformó casi en lugar de culto para los hispano parlantes que vivían en la capital del estado paulista, así como visita obligada para los turistas chilenos que arribaban a esa ciudad.

UNA ANÉCDOTA DIGNA DE RECONOCIMIENTO
Pero no fue la Peña quien le dio a Fernando notoriedad internacional, sino un acto que ejecutó con arrojo y consciente riesgo.

En diciembre de 1978, al finalizar el mes y cuando el nuevo año se aproximaba en medio de fiestas y celebraciones, Fernando concurrió al centro de Sao Paulo para observar la famosa Maratón o Corrida de San Silvestre, que congrega a los mejores maratonistas del planeta cada 31 de diciembre cerca de la medianoche. Miles de personas se agolpan en las veredas por donde pasan los atletas para saludarlos con pañuelos al aire y gritos de aliento.

Antes de continuar esta historia, es necesario recordar que en ese tenso mes del año 1978 Chile y Argentina estaban a un centímetro (o a un par de horas) de enfrentarse en una guerra fratricida en la zona austral, cuando ambos países eran gobernados por dictaduras militares. La guerra se aprontaba apara presentarse en las puertas de las casas y se avecinaban tiempos de violencia desatada.

Entonces, Fernando, dispuesto a entregar su apoyo en beneficio de la paz, realizó la acción que hoy quiero recordar.

Cuado los maratonistas se aproximaban a la meta luego de recorrer cuarenta kilómetros de calles, avenidas, puentes, subidas y bajadas, enfrentado la Avenida Sao Silvestre donde estaba el punto de llegada (y donde por cierto la cantidad de público superaba las diez mil personas), surgió de en medio de la multitud Fernando Astorga, vestido como atleta, con las banderas de Chile y de Argentina en sus manos, adelantándose a los punteros y alcanzado la meta como un absoluto ganador. Se armó el caos y el desorden periodístico fue total. Las radios paulistas transmitían a todo dar que “el ganador de la Sao Silvestre es un chileno”, y al entrevistar a Fernando, este declaró que llevaba ambas banderas como un homenaje internacional a la paz entre las dos naciones hermanas.

Por cierto, fue detenido por la policía y hubo de soportar los comprensibles reclamos e insultos de los tres atletas que peleaban la punta de la maratón. Finalmente, cuando los organizadores, los atletas, las radios y el público conocieron los motivos que empujaron a Fernando a meterse ‘a la mala’ en la carrera en los tramos finales, le dejaron en libertad y destacaron el hecho como una magnífica y novedosa forma de promover la paz entre dos países latinoamericanos.

Como se sabe, la guerra no explotó gracias a la mediación del Papa Juan Pablo Segundo, y de su enviado vaticano –Cardenal Antonio Samoré- a Buenos Aires y Santiago. La paz y la confraternidad impusieron sus términos una vez más, y el acto efectuado por Fernando Astorga –casi anecdótico si se mira con ojos de hoy- permitió que, al menos, el público deportista de todo el mundo se enterara de la grave situación por la que atravesaban Argentina y Chile, ya que era cosa cierta que la guerra se hallaba a un centímetro de explotar.

Después de esa noche, la ‘Peña Don Fernando’ apareció en primera plana en los principales medios escritos del Brasil, reverdeciendo viejos laureles ya que hubo de recibir a cientos de visitantes y comensales que deseaban conocer al dueño de la ‘Peña de la Paz’.

Hoy la Peña sigue funcionando allá en Carapicuíba. Siempre con mucho público, buenos números artísticos folclóricos y variados platos de las gastronomías del sur del mundo. Tuve oportunidad de reencontrarme con Fernando el año 2005. Estuve en la Peña y disfruté de la emoción que se desata cuando estamos lejos de la patria pero se aproxima a ella gracias a colores, sabores y músicas que son inconfundibles sin importar en qué lugar de nuestro amada Latinoamérica puede uno estar.

Si usted tiene la suerte (y la plata) para viajar a Sao Paulo, no puede dejar de visitar la Peña Don Fernando en Carapicuíba. No se arrepentirá. Podrá conversar hasta altas horas de la madrugada con el ‘viejo’ Fernando Astorga, el ex muchacho de Talcahuano, que alzó en tierras brasileñas el estandarte de Chile y las banderas de la paz y la solidaridad.

Ah…algo más, si está por allá, no deje de saborear el famoso plato llamado ‘peixe as brasas’ (pescado a las brasas) que Fernando llevó a Brasil como exclusividad de sus tierras penquistas, y que compite con las empanadas, cazuelas, sebiches, feijoadas y carnes a la parrilla.

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